sábado, 4 de febrero de 2012

Anécdota (4)

Una anécdota: hace tiempo caminado por un parque encuentro un papel doblado, con sorpresa y emoción descubro que es una carta tal vez enviada por el viento, tal vez nunca encontrada. Me veo en la responsabilidad de embotellarla acá para que siga flotando hasta llegar a su destino.
Transcribo algunos fragmentos (con la ortografía original) y abajo la imagen escaneada de la carta.

Mira TU pero lo que siento por que lo siguiente que voy a escribirte, me toca hacerlo con mi puño y letra, Por que quien quiere escribirte de verdad es mi alma, y no lo puede hacer, es ese sentimiento profundo que uno lleva allí, que casi nadie puede hacerlo salir como tu lo haz hecho, por eso, ese sentimiento que sale desde mi alma te dice…




TU y yo llevamos un largo tiempo y nunca te había escrito, a pesar de que me enceñaste, hace mucho a demostrar lo que siento en el alma, espero que estas palabras que de salen… y con mis lagrimas sangre o mis verdaderos sentimientos, me gustaría escribirlas o sellarlas para que siempre queden en la memoria y no sean más que palabras, por eso te quiero agradecer por lo que eres por haber sabido esperar, por haber tenido el suficiente tiempo para entenderme, para quererme y amarme no te pido que piences que estas son las unicas palabras. Pero siempre pienso en ti, ahora dime que piensas, que quieres, que sientes…





lunes, 2 de enero de 2012

Carta desde el paraíso

A cierto periódico

Ya que desde donde estoy no puedo escribirte como habitualmente lo hago encuentro una manera alterna ya que tengo papel y tinta. Te cuento, estoy en mi casa, en mi casa real. Hoy pasaré una noche helada acá. ¿Sabes? Hace año y medio no entraba a mi casa, el tiempo máximo (además exageradamente largo) que he pasado fuera de ella después de haber vivido muchos años acá. Al principio no había nada, ni paredes, ni comunicaciones, ni vecinos, ni nada. Mucho después llegó el teléfono fijo, nunca llegó la TV, el internet ni hablar y la señal de celular aún no termina de llegar a este hueco entre cordilleras que nunca he podido saber si pertenece a Santa Rosa o a Pereira. Es lejos en todo caso, para llegar se pasan tantas vías a punto de derrumbarse y derrumbándose, tantas veredas, tantas historias que parece que se estuviera llegando al otro lado del país.

Hace frío, mucho frío, se me están congelan las palabras por acá (Y a veces se quedan así mucho rato más) Claro, supongo que tú debes saber de estos climas tan montañeros, tan alejados del mar y tan cerca de las estrellas. Por cierto hay unas estrellas enormes, enormes, un poco empañadas por la neblina, pero no por humo, ni edificios, ni luces artificiales. Acá el cielo es mío, sin que nadie lo tenga que bajar para mí. Las estrellas, que lindas, ese lugar común que nunca es del todo cursi. Pero acá no solo hay estrellas, hay bosques. Hay barraqueros que se paran en mi ventana, carpinteros, toros de monte y colibríes. Todos se paran ya, con confianza en mi ventana. Hay serpientes, monos, osos, ardillas, armadillos y según la guía turística venados, dantas y un montón de especies más que hasta ahora no veo desde mi ventana. Jé, esto parece un cuento Disney, parece como Blanca Nieves pero sin brujas o Caperucita Roja son lobos. Pero el cuento que he leído toda la tarde sobre una piedra de corrientoso (y helado) Río Otún es a Neruda confesar que ha vivido entre bosques, persecuciones y poesía. Me siento por ratos dentro de ese libro descaradamente mágico.
Hay neblina, las nubes hoy han bajado a la tierra para luego quedarse camufladas en la corriente espumosa del Otún, en las hojas del Yarumo, en las barbas de los abuelos, en las mascotas peludas.
Mi comida de hoy fue queso paramuno, trucha del Otún, pan y café. Lástima que le café no sea recién recogido, por acá se cambió el cultivo del café por el de la cebolla, pero eso es otro cuento. El hecho es que, ésta la región cafetera está dejando de producir café.
Lo mejor de hoy, es que estoy sola. Bueno casi sola, porque estar acá con papá o sin él da lo mismo porque esta cabaña tiene su alma, su amor, sus años. Cada tabla, cada puerta, fue puesta por él, mientras yo en pañales daba mis primeros pasos para acercarle puntillas con las que un poco tiempo después me lastimaría, luego mi hermana, luego mi hermano, luego mi hermanita. Mamá luego nos consolaría y gritararía –“¡¿ves?! Por no terminarlas de clavar bien.”
Hace rato papá cortó un par de ramas de eucalipto, está haciendo un bebida con ellas y toda la madera está quedando impregnada con el olor del eucalipto.
Encontramos en un escondite secreto una vieja cámara fotográfica de papá, una bella Polaroid que tiene alrededor de 30 años, bajamos a la vereda a comprar algo para el desayuno de mañana y pasé a mostrársela a un amigo que no estaba, el destino no quiere que me encuentre con él.
Caminé hacia el Amparo San Marcos, un hogar del ICBF que antes era una casona colonial más perdida en el monte que mi cabaña. El camino hacia ella es absolutamente oscuro salvo por la linterna que apago para que me guíen las muchas luciérnagas y los ojos de un perro (nube) que me sigue. De regreso paso por un puente, un mirador del Otún, la luna solo deja ver su corriente blanca. Luna y el Otún juntos hacen que comience a sonar en mí esa melodía “Ángel para un final” solo la melodía, nada de la voz de Silvio.
Justo ahora estoy por dormirme, estoy súper cómoda, tengo mi sleeping sobre dos colchonetas. Tengo cobijas y cojines. Tengo una ruana ecuatoriana (de papá) que me llega hasta los pies. Un poco más y dormiré más cómoda que en una cabina de radio (Y es que estar más cómoda que en un lugar con aire acondicionado, piso y paredes acolchadas, buena música y doble puerta anti-sonido, es cosa seria.) Oré, antes de venirme a este nido, con papá al Dios que hizo estas maravillas. Chau. Mañana me levanto muy temprano. En el campo uno siempre se levanta temprano creo que es porque estamos más al oriente y el sol llega antes. Papá dice es el humo de las carros que hace adormecer a la gente de la cuidad. Yo creo que es la cuidad misma.

viernes, 16 de diciembre de 2011

CARTA A LA POETIZA QUE NUNCA REGRESÓ. (3.)

Hoy Julian Martinez nos comparte una carta sumergida en barquitos de humo. Leer despacio para no ahogarse.

CARTA A LA POETIZA QUE NUNCA REGRESÓ.

Pasará la luna noche tras noche
Dibujando el marco de tu ventana,
Fría y silenciosa,
Espiando el movimiento de tus pensamientos,
Y tú,
Sumergida en tus barquitos de humo nocturno
Fecundas a Penélope sobre un papel...

El sol se asomará en tu sonrisa
Y acariciará tu espalda
Para tratar de no ahogarse en tus oscuros cabellos,
Pero tú,
A través de su calor,
Sumergida en las mañanas tristes,
Fecundas un poco de alba sobre un papel.
La tarde evocará en ti
El llamado de un pequeño café
Para estremecer los nervios y darle la bienvenida
A la lasitud de tus deseos
Dibujando un poco de locura,
Y tú,
Sumergida en respuestas anheladas,
…Fecundas un poco de vos…

viernes, 9 de diciembre de 2011

Escapaste de todo, menos de ti. (2)

Hoy Danniela Bolivar nos trae una carta llena de sentimiento, de ausencia.

David
Hay veces que ser yo, no lo es todo. Cuando tienes tanto y sientes no tener nada. Caminas por la vida solo. Yo callo pero a veces, así es que me siento. Aprendes a aceptar que las cosas más grandes se acaban solo con un momento. Aprendes a vivir en un mundo de traición de fuego y máscaras con valor. Te acostumbras a llevarlo todo a los extremos. Somos de la calle y así es que todo lo hacemos. No se mide mal ni bien, ni se valoran cosas que convienen. Todo va tan rápido, hasta que llego a casa y te miro a los ojos, te abrazo y todo se detiene. Y me arrepiento de haber hecho tanto, de haber caminado tanto tiempo ciego y haber perdido el sentimiento. Que la música es eterna y por eso estoy aquí diciendo esto, para el día en que yo falte lo guardes para siempre.
Una canción habló por ti. No estás frente a mí para escuchar lo que pienso porque lastimosamente se me hizo tarde, no solo estas palabras, sino nuestra loca infancia y juventud, tus carcajadas, tus histerias y tu compleja vida, serán lo que guardaré para siempre. No comprenderé nunca porqué decidiste marchar sin avisar, porqué terminar con una vida que si bien fue dura, fue muy valiosa.
Hoy asimilo con cordura que ya no estarás aquí y rogaré mucho a Dios para que seas un gran ángel, volando en busca de la felicidad que acá no te pudo llenar.
Un día me pregunté cómo sería el momento de tu partida. Irónicamente la muerte se burló en tu cara tantas veces y Dios no permitió que le hicieras caso, cuantas veces el destino quiso cerrar tu mirar, apañar tu sonrisa y sin embargo saliste ileso. Ahora aunque me cueste, tristemente me respondes, no sé si para esto estabas destinado, pero escapaste de todos, menos de ti mismo.

Con todo mi amor, te amará por siempre tu Pri Danny.

martes, 6 de diciembre de 2011

Cartas por montones.

Ante lo extraño que es encontrar un concurso literario dedicado a este “género menor” de las cartas recibo gratamente esta invitación que ahora comparto. La invitación viene navegando desde el Ayuntamiento de Coria (España) se trata del “V Concurso ‘Pablo Neruda’ de cartas de amor.”
Evocando además al gran Neruda, esta bella iniciativa se atreve preguntar por la belleza de lo privado, por ese monólogo mudo que busca respuesta, por ese remedio que no remedia la ausencia, por las emociones de lo íntimo que se enredan entre cuadernos amarillos, servilletas, ondas electro magnéticas, en correos electrónicos, en aviones de papel y a veces en botellas.
Acá toda la información






Otra convocatoria que me alegra es la segunda recolección de material para La Astilla en el Ojo que ha tenido en cuenta “cartas poéticas” como una categoría entre las literarias. Muchas expectativas para esta segunda edición.
Un día lleno de cartas.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Una botella que regresa. (1.)

Entre tanta carta que envío me llega una de regreso. Di con ella en una improvisada botella. A continuación la publico. Mil gracias Cesar Augusto por embotellar sus cartas por acá.

A Sara no le gustan los gatos.

Siempre he querido buscar lo verdaderamente poético. Aquello que hace que los ocasos, las noches, las gotas de lluvia impregnadas en la ventana y los días grises de Noviembre sean tan maravillosos. ¿Por qué me siento tan identificado con ellos? ¿Por qué no tengo palabras para describirlos? Seguramente sabes a qué me refiero Skywalker, tú te dedicas a escribir y por supuesto, lo haces mejor que yo.

Como alguna vez te lo referí siguiendo un artículo de El Malpensante (si, muy mamerto lo admito) caminar ayuda a despejar la mente. Y yo personalmente necesito un faro entre tanta niebla, existente o inventada, al fin y al cabo no me deja ver. Hay una precisión tuya al respecto que me agrada bastante, un tweet inocente no tan inocente en el que declarabas al gato como la mascota oficial del mamerto, del academicista, del hiperintelectualoide, del pseudointelectual.

Los gatos son magníficos por su alto grado de independencia, casi podría decirse que actúan con personalidad. Los gatos le gustan a la especie de hombre que lee a Borges, que cita a Cioran con frecuencia para parecer cool ante los demás, intenta parecer apolítico para demostrar cierto desencanto posmoderno (como si se pudiera hablar de eso aquí) y se dice amante de la música clásica pese a que solo conoce la rapsodia húngara No 2 de Lizst. Que cosas Skywalker, yo saliendo a caminar y me acuerdo que no te gustan los gatos.

Yo tengo un perro, por cierto muy valiente. Sobrevivió a un accidente de tránsito cuya culpa de la eventualidad discurre constantemente en el triángulo taxista-perro-yo. Pese a todo, me pregunto qué me preocupa, si convertirme en un tipo así o simplemente dejar de ver por creer que estoy viendo. Me gusta cuando lloras masacres sobre pilas de cadáveres de celulosa, cuando escudriñas cualquier espacio ajeno a los ojos comunes y me haces recordar que la poesía se trata de buscar el encanto que se ha perdido, todo un acto revolucionario. Con odas a la ignorancia o con cartas embotelladas me diagnostico enfermo de necedad. También que debo aprender a escribir epístolas, mira donde he llegado, pero el minino mimado o la mirringa mirronga es solo la chispita que desata la erupción de sensaciones.

Recapitulando Skywalker, mientras caminas en las estrellas, yo recuerdo que a tu homónima Sara, no le gustan los gatos.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Aviso parroquial.

Esta botella que he enviado a la web con la ligera esperanza de que entre los navegantes entre link y link haya alguno quien se sienta destinatario de una carta embotellada. Ante tanta respuesta a éste género olvidado de la epístola abro mi botella para que regrese cargada con nuevas cartas. Sin temor a equivocarme dejo una convocatoria permanente para las cartas de ustedes: empacadas en botellas, enviadas en aviones de papel, enredadas en árboles, cartas nunca escritas, o cartas como que van más allá de este mundo como el disco dorado del Voyager. Quedo atenta a sus cartas para embotellarlas en este espacio.

Saragapi@gmail.com

miércoles, 26 de octubre de 2011

En colores rancios.

Querido onomatopeyador

Termina un día lleno de nostalgias y tristezas causadas por las razones de siempre. Tal vez tus mismas razones, tal vez las razones de todos. Una suma de fluidos guardados, de enfermedades reprimidas, así respiro hoy. Respiro a suciedad nunca barrida. Sanitarios que llevan generaciones sin ser vaciados. Así es el olor de este día que termina pintado con colores rancios.

Y decir que este día eterno termina, no es más que un deseo. Llevo muchos días en este día. Ojalá fuera un déjà vu rutinario que me diera una agónica estabilidad. En este día mi solución eterna ha sido: “evadir el tema hasta morir”. Mi querido onomatopeyador tu que eres bueno para evadir ¿te ha pasado?¿te han funcionado soluciones así? Ayuda. Evadir se me ha hecho más complejo que el tema mismo.

Y resulta que…

Es que ya no …

Por eso…

No saber qué…

Y es oscuro…

y me asusta…

y me escondo…

No. No más. Me iré a escribir a otro lado. A algún lado que no exista.

jueves, 20 de octubre de 2011

A alguien que cruza la calle


“Si no fuéramos algo más
que individuos aislados,
si cada uno de nosotros
pudiese realmente ser
borrado por completo
del mundo por una bala
de fusil, no tendría ya
sentido alguno relatar
historias. ”
Hernann Hesse



Tal vez sea esta la única vez que nos veamos, la ideal casualidad de que crucemos la calle al tiempo. Una oportunidad reveladora. Cuando venía hacia acá tropecé con un gato, hablé con un árbol, le pregunté al celador si vio la luna acolchada de anoche. Tal vez tú regaste el chocolate, decidiste no peinarte, recibiste luego una llamada, tal vez una hormiga te habló pero no pusiste cuidado. Sólo llegaste puntual y exacta a esta cita no citada para cruzar la calle conmigo. Exactos los segundos, exactas las horas. No importa, el tiempo es relativo.

Mis cobijas están calientes como esta media mañana de domingo, creo, ese es el día de hoy… domingo. Lo sé porque hace sol, tengo algo de mareo y un buen recuerdo de anoche. Creo que si es domingo. Huele como a las 11:20
am, dos o tres segundos más, o dos o tres horas más. No importa, el tiempo es relativo como todo. Huele a Iglesia, huele a malos programas de TV, huele a formalismo, huele a familia y a vómito de bebé. Huele a pizza rancia entre mis cobijas calientes, definitivamente es domingo..

No es fácil que el universo permita a dos desconocidos trozos de materia, coincidir en un fragmento de espacio, en un pedazo de relativo tiempo. Piensa en la hormiga, el árbol y el gato. Piensa en el chocolate, el cabello, el teléfono y no olvides la luna. Todos ayudando a que nos acompañemos por dos o tres segundos, o por dos o tres horas. No importa, el tiempo es relativo, como todo.

Mi media naranja en la almohada, huele feo, la otra media continua en mi pie. También huele feo, como mi ropa sucia de ayer. Como mis zapatos sobre el PC. Como los brasieres, que una vez fueron blancos y ahora están bajo la cama. Mi nuca lagrimea algo pegajoso. Me intento parar, me
mareo, caigo sobre un resto de Coca-Cola, lleno ya, de
hormigas.
Tal vez si hablamos descubramos que no tenía sentido alguno cruzarnos. Tal vez descubramos que ha sido una mala jugada del destino, o tal vez nos riamos, no importa si reímos juntas o si ríes de mi. Sólo quiero que me recuerdes, sólo quiero hacer parte de los sucesos únicos y mágicos que conforman de tu existencia, sagrada, como todas las existencias. Sólo quiero conversar por dos o tres segundos, o por dos o tres horas. No importa el tiempo.

Buscaré el antídoto contra este zombie ambiente . Respiraré agua, que cada poro de mi piel caliente se ahogue, se atragante,
con agua de domingo. Que cada poro oiga el agua caer en el piso de la ducha y que mis oídos imaginen que estoy en una cascada.
Que cada poro comente a su vecino ¡deseo cascadas con más frecuencia! --¡prometo que al menos una vez a la semana! les digo, pero ellos ya no me
creen. Saldré a pastar asfalto, saldré a ver luz, a buscar rutina, a cruzar la calle por dos o tres segundos.

Sólo quiero saber cómo estás. ¿en quién piensas? ¿planeas que harás hoy? ¿recuerdas qué hiciste anoche? Quisiera saberlo sólo porque si, sólo porque no. Si hablamos tal vez podamos descubrir que tengo algo que tú buscas o que tienes la respuesta que nadie me da. Si tan sólo vieras que te estoy sonriendo. Sin tan sólo despegaras tu mirada de la cara
pálida del pavimento. Tan sólo por dos o tres o segundos, por dos o tres horas, no importa el relativo tiempo.

Me siento en el parque por dos o tres segundos, o por dos o tres horas. No importa, el tiempo. Si lo mido, tal vez olvide vivirlo. El parque huele a marihuana, huele bien. Ya que no me sonreíste leo el periódico para
sonreír por lo menos de ironía. Y me quedo dos o tres segundos, o por
tres horas.

Publicado en la primera edición de La Astilla en el Ojo. www.laastillaenelojo.tk

domingo, 14 de agosto de 2011

Una carta oscura.

Señor L.

Sí, estoy oyendo esa melodía que alguna vez oí en ese sueño revolucionario en el que usted patrullaba las calles oscuras. Descubrí que no es la falta de electricidad lo que me recuerda esa melodía, lo que me recuerda esa melodía es la oscuridad de sentarse a escuchar caer una gota de silencio en la ventana. Esa sensación de una madrugada que no amanece. Esa vigilancia eterna de los espejos que no duermen. Ese silencio oscuro que acompaña la falta de electricidad y que por más que no quieras tendrás que luchar con la oscuridad, con las voces que hay en ella, con el silencio que no se rompe gritando.

Ahí es cuando entra esa banda sonora, ahí cuando llega ese sentimiento de impotencia con una mezcla de esperanza idiota. De esta esperanza idiota que se tiene en que algún día, se tendrá esperanza. Ese leve enamoramiento de la nada. Es un vil sentimiento de nostalgia. Es un recordarme mis casi logros, mis “estar a punto” eternos.


A eso sabe el lugar que estoy extrañando y que no existe. A eso sabe mi nostalgia por aquel lugar, sabe a magia que sufre. Sabe a la amargura de tanto intento aún no intentado. Sabe a ese escape que quiere regresar.

Y saber que a esta magia solitaria es superada por la compañía en lo absurdo. Y saber que ese absurdo está "aquí", pero lejos de mi "aquí".

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Pongo la carta en esta botella con el objetivo de que nunca llegue a las manos, ni pantallas de su destinatario. De cualquier modo negaré haberla escrito para él.